La reunión de la candidata presidencial Laura Fernández con sectores evangélicos reactivó la disputa por el voto religioso, un terreno que desde 2018 ha tenido como principal referente político a Fabricio Alvarado.
El encuentro, realizado en el Templo Bíblico de Tibás y organizado por el Foro Mi País, vinculado a la Alianza Evangélica Costarricense, fue interpretado en el ámbito político como un movimiento directo hacia un electorado históricamente asociado a Nueva República.
Fabricio Alvarado reaccionó señalando que el acercamiento de candidatos a pastores no es nuevo y recordó que, desde la campaña de 2018, el voto evangélico se volvió altamente apetecible para la política nacional. Sin embargo, marcó distancia al afirmar que, a su criterio, los sectores conservadores “de verdad” no negocian principios ni valores, y sostuvo que su partido continúa enfocado en propuestas y plan de gobierno, más allá de las reuniones que sostengan otros aspirantes.
La disputa actual también resignifica antecedentes conocidos. En la segunda ronda electoral de 2018, Fabricio Alvarado dio protagonismo público a Laura Fernández al presentarla como parte de su equipo económico durante la campaña del Partido Restauración Nacional, una cercanía política que hoy contrasta con la competencia abierta por el mismo segmento del electorado conservador.
La actividad encabezada por Fernández contó con la participación de su equipo de campaña, incluido Francisco Gamboa, candidato a la primera vicepresidencia, así como con la presencia del pastor Reynaldo Salazar. En el lugar circularon panfletos titulados “¿Por qué los cristianos evangélicos deben votar por el Partido Pueblo Soberano?”, en los que el grupo se define como un foro cristiano evangélico de asuntos políticos y enumera compromisos atribuidos tanto al gobierno de Rodrigo Chaves como a la campaña de la candidata oficialista.
El encuentro también generó reacciones dentro del propio sector evangélico. La Federación de Vidas Abundantes, que agrupa iglesias en distintas regiones del país, rechazó formar parte de cualquier acuerdo político con la campaña de Fernández y reiteró, mediante un comunicado, que no respalda partidos ni candidaturas, defendiendo la libertad de voto de sus feligreses.
Este pulso político se da en un contexto nacional marcado por la inseguridad, con Costa Rica acumulando cuatro años consecutivos de cifras récord en homicidios. En ese escenario, los mensajes que emiten los acercamientos con sectores religiosos adquieren un peso político adicional, tanto por el momento electoral como por el impacto simbólico que proyectan.