Acuña se declaró independiente de un grupo de diputados que ya era independientes. Eso solo se explica al calor del trópico inmaduro que refleja la crisis de partidos políticos que padece el país
por: Esteban Mata / 22 abril, 2020
Ni una mención a Fabricio Alvarado, como si el nombre de su excandidato presidencial tuviera hormigas, como si la agrupación Nueva República saliera de una idea sin cohesión, sin unidad programática, como si fuera un rejuntado de intereses similares, y nada más.
La excandidata a la vicepresidencia por el Partido Restauración Nacional y excoordinadora del bloque denominado Nueva República, Ivonne Acuña, dejó atrás el proyecto político de Fabricio Alvarado, y partió lo que ya estaba partido.
No comparte la visión de Nueva República, y en un comunicado donde evita mencionar a Alvarado y a Nueva República, la congresista se abraza a la bandera de los renegados, de los diputados independientes que flotan en el Congreso sin bancada, justamente en la misma condición que los compañeros que deja en el camino.
Nueva República no existe como bancada legislativa. Respondía a los siete diputados que, de la mano de Fabricio Alvarado, ya habían renegado de Restauración Nacional, el partido con la bandera del sol y las manos limpias, y del que renegaron y se demandaron y se acusaron entre ellos.
Una foto de nuestra inmadurez política. Primero, un Restauración Nacional que por poco gana la presidencia de la República de la mano del exdiputado Alvarado. Que una vez viendo el alcance de su movimiento y el discurso evangélico, demostró que los principios cristianos riñen con las lealtades partidarias.
Y así fue como Fabricio Alvarado cargó con siete diputados que se independizaron junto a él del diputado Avendaño, dejando de lado el discurso de unidad que quedó como un registro de fotos de campaña y una deuda política dividida por acusaciones por supuestos delitos electorales.
¿Qué podían esperar de Acuña sino el pago en la misma moneda?
La legisladora, apartada de la agenda a favor de la protección de los intereses usureros y de proyectos que se alejaban de la narrativa social de los restauradores, renegó del partido de Fabricio Alvarado y de la independencia de los diputados que lo siguen.
Es decir, se declaró independiente de un grupo de diputados que ya era independiente. Eso solo se explica al calor del trópico inmaduro que refleja la crisis de partidos políticos que padece el país.
“En efecto, la diputada Acuña y los demás miembros del bloque parlamentario han tenido diferencias ideológicas y de criterios en distintos puntos que les ha impedido construir una visión común, la cual, como se dijo, está en construcción”, apuntó el bloque fabricista en un comunicado.
“Su separación —explicó— no implica una situación de conflicto personal con ninguno de sus compañeros diputados y diputadas, ni con ningún miembro del partido. Ninguno presenta un conflicto de esta naturaleza con ella, sino que se trata de visiones distintas en diferentes temas de la política pública nacional, que la llevan a asumir una posición más independiente, allende las trincheras partidarias neorepublicanas” dice la nota de un fabricismo que sin tener una bancada legalmente constituida, pierde a una de sus lideresas y demuestra la flaqueza de su unión.