Luego que la Alianza Evangélica Nacional partiera aguas y se separara del proselitismo político que más de un dolor de cabeza le trajo, el voto evangélico parecía quedar en el ajuar de Fabricio Alvarado, de Nueva República, sin embargo, el chavismo y Laura Fernández, han hincado el diente en ese segmento electoral.
Un lujoso hotel en Sabana semanas atrás, sirvió de antesala para la proclama de un grupo de pastores (que reunen a más de medio millar de iglesias), le dio a Laura Fernández el espaldarazo de un amplio sector evangélico.
Acto seguido, Fabricio Alvarado ha emprendido una verdadera cruzada por recuperar ese caudal electoral, que a la luz de los acontecimientos, es el único que mantiene la bandera de Nueva República ondeando.
Ante tal sacrilegio, Alvarado alzó su voz como profeta en el desierto, presentándose como el único y verdadero representante del conservadurismo en el país, así como sus ideas sobre la familia, la educació sexual y los valores cristianos, vertidos desde una curul.
El papel de Nueva República en esta campaña electoral ha bajado su protagonismo, luego de varias acciones de respaldo al gobierno de Rodrigo Chaves, como sus dos negativas a votar el levantamiento de inmunidad, solicitado primero por la Corte Plena y luego por el Tribunal Supremo de Elecciones, para dos causas distintas.
Sin embargo, las acciones de Fernández y de Alvarado, lejos de sumar el apoyo en bloque del sector, lo ha dividido, lo cual dificulta la lectura de alianzas y oposiciones dentro del espectro evangélico, siendo que otras agrupaciones políticas también se han sumado.