OPINIÓN/ QUINTA COLUMNA ¿Por qué es muy peligroso eliminar el aporte del estado a los partidos políticos?

No se olvide que las bolsas de dinero y los manejos de dineros provenientes del lavado o incluso desde el narcotráfico, siempre son un riesgo inmenso en la política. Esos dineros pronto convierten un país relativamente saludable y pacífico como Costa Rica en un narco estado lamentable, de consecuencias nefastas.


Por Geovanny Debrús.

En diciembre pasado el Congreso de Costa Rica aprobó una ley para disminuir a más de la mitad la deuda política, es decir, el aporte que el estado otorga a los partidos políticos para participar en las campañas electorales, realizar procesos de capacitación y otros afines.

El proyecto surge con el apoyo casi total de los diputados, con excepción de dos tránsfugas que casi siempre se oponen al consenso -el independiente Erick Rodríguez Steller y Shirley Díaz del PUSC.

La ley fue firmada el 20 de enero de 2021 por el presidente Alvarado y aplicará para las elecciones presidenciales de 2022 y las municipales de 2024. Solo 9 partidos debidamente inscritos podrán participar.

Así las cosas, muchos salieron al ruedo de las redes sociales a vociferar que ese aporte debería eliminarse del todo, no solamente la mitad. Normalmente, esas expresiones populistas no tienen mucho arraigo en un país con tradición demócrata como el nuestro, pero en tiempos de conspiranoicos, noticias falsas y gritones de las redes, ha empezado a calar en la gente. Por eso es preciso volver y explicar por qué eso es contraproducente y nada conveniente para la paz social, política y económica de un país.

Si el Estado le quita el aporte a los partidos políticos, quienes decidirán sobre ellos serán los grandes contribuyentes de las campañas, quienes usualmente son grandes financistas o empresarios que, sin duda alguna, se cobrarán el financiamiento “con intereses altos” cuando el partido esté en el poder, ya sea en Cuesta de Moras o en Zapote.

Los favores en contrataciones multimillonarias del estado e incluso en grandes corrupciones estarían a la orden del día, como ha sido comprobado en otros países.

Por otra parte, no se le olvide que las bolsas de dinero y los manejos de dineros provenientes del lavado o incluso desde el narcotráfico, siempre son un riesgo inmenso en la política. Esos dineros pronto convierten un país relativamente saludable y pacífico como Costa Rica en un narco estado lamentable, de consecuencias nefastas.

Cuando el estado financia otros partidos pequeños sin recursos de capital, les permite tener voz y participación no comprometida con intereses creados. Es decir, democratiza la participación ciudadana y le da voz a quienes no tienen riqueza.

El Partido Acción Ciudadana, el Frente Amplio, el PIN y otros han podido surgir precisamente por ese aporte que antes solamente estaba destinado al PLN y al PUSC durante la época del bipartidismo. El PAC, por ejemplo, no recibe por norma y por ética grandes contribuciones económicas.

Por eso no es extraño que se metiera en problemas con los aportes por trabajo que quiso “monetizar” en la campaña 2014, conocido como la “estafa PAC”. Este partido usó un mecanismo que antes era válido en otros partidos y en el mismo PAC, pero que, de repente, se convirtió en una estafa.


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