Oscar Arias, el arismo y la caída del águila criolla

El problema para el expresidente es que no son solo estas tres mujeres las que lo señalan. Hay más que no han expuesto su historia, y eso lo impactará a él y lo que representa políticamente.


Oscar Arias en una asamblea del PLN. Foto: FB Oficial de Arias.

Nunca más será lo mismo. La muerte moral y la descalificación personal están consumiendo el capital político de uno de los expresidentes más poderosos de la historia reciente. Las denuncias por asalto, violación y hostigamiento sexual en contra del expresidente y Nobel Oscar Arias Sánchez carcomen su imagen sin que los recursos legales o la negación pública lo eviten.

A la revelación hecha tanto por el Semanario Universidad como por el New York Times este 5 de febrero del caso de la psiquiatra y activista por el desarme nuclear Alexandra Arce Von Herold, se sumaron en cuestión de horas dos señalamientos más.

Uno, publicado por el Washington Post horas más tarde, donde Emma Daly, directora de comunicación de Human Rights Watch, señaló que en 1990, siendo aún presidente de su primer mandato, y ya Nobel de la Paz, Arias le tocó los pechos de forma abusiva y sin su autorización.

 

El otro es de la periodista Eleonora «Nono» Antillón en redes sociales, con lo que son ya tres las mujeres que ponen su nombre para señalar abusos de parte del dos veces expresidente.

La exasesora de prensa de Arias en su primera campaña electoral relató al diario La Nación que al cierre de la campaña, durante una reunión, fue violentada por el entonces presidente electo.

«(…) estaba sentada frente a su escritorio, se me acercó, me tomó la mano y me la puso en su pene que estaba erecto. Yo lo empujé y me puse de pie y él se me lanzó. Me cogió por los hombros, me tiró contra un ropero y me empezó a toquetear. Con el ruido, comenzaron a tocar la puerta. De ahí en adelante no volví a aceptar estar a sola con él cuando me citaba a solas. Después lo intentó en el restaurante Ana, en paseo Colón. Yo le andaba huyendo. Estábamos en una reunión y me cogía la parte de atrás del brasier», dijo Antillón.

Estas manifestaciones echan por el suelo la declaración escueta con la que el expresidente trató de desmentir las acusaciones de la primera denunciante.

«Con respecto a las informaciones publicadas el día de hoy (martes), debo decir que rechazo categóricamente las acusaciones que se me hacen. Nunca he actuado irrespetando la voluntad de ninguna mujer», había apuntado Arias en su comunicado de prensa.

Ni la madre Teresa ni Carlos Alvarado

Ni la altura intelectual, ni el reconocimiento internacional ni las fotos con la Madre Teresa, el Papa o Mandela, ni el llamado a la mesura del presidente Carlos Alvarado servirán de nada. Precisamente es esta altura que tiene la que hace que su golpe contra el suelo sea más fuerte.

El movimiento #MeToo empodera a más mujeres en redes sociales y las noticias acaparan titulares como una amenaza para aquellos que tienen en sus armarios los esqueletos de culpas añejas o nuevas que podrían salir y comerlos vivos pese a ser figurones públicos que, como Arias, parecían haber pasado ya por el tamiz de los años.

De la misma forma en que le sucedió al productor Harve y Weinstein, el movimiento bajo el hashtag#MeToo, sigue desvelando escándalos.

Acuñado por la activista Tarana Burke en 2006 se ha tuiteado más de 18 millones de veces, según la revista Vogue en el último año, trayendo al suelo carreras de actores como Bill Cosby, Kevin Spacey y el director Brett Ratner, así como al candidato republicano por un escaño en el Senado, Roy Moore y al ejecutivo de CBS, Les Moonves.

Tropicalizado a la altura de nuestra realidad centroamericana, el #MeToo también aparece como #YoTambién o #YoLeCreo, coo ha sido el caso de las denuncias en contra de Arias.

Por lo tanto, y en vista de la viralización e impacto de la información, así como del empoderamiento y salida a la luz de nuevos señalamientos, esperar una recuperación de la imagen del expresidente es cosa de ingenuos.

Arias no será el mismo nunca más. Su legado político y su discurso de hombre de paz, erudito intelectual de altos vuelos, tendrá siempre la letra escarlata que lo señala como un agresor sexual, pese a que, en teoría, aún falta mucho tiempo para que los tribunales se pronuncien.

De hecho, la judialización del caso, generará un mayor morbo al rededor del avance de las pesquisas, las audiencias, los testimonios, y sí, inevitablemente, todo hace parecer que el futuro de Arias estará marcado por esta historia.

La presidente del Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), Patricia Mora, se pronunció ya creyendo a la denunciante, y ofreciendo el apoyo de la institución para que más mujeres se animen a denunciar actos de agresión de todo tipo.

 

A lo interno del Partido, la situación cae casi en el drama. Los chats internos verdiblanco ardieron ayer, y aún circula una imagen en la cual, la madre de la denunciante, la exdiputada Edine Von Herold, se sale de uno de los grupos.

El problema para el expresidente es que no son solo estas tres mujeres las que lo señalan. Hay más que no han expuesto su historia. Solo con esta redacción maneja al menos tres supuestas víctimas más, que tienen historias similares, de encuentros violentos donde se denuncia que el apetito sexual ha sido el denominador común.

Aún hay testimonios de mujeres que señalan desde el anonimato por ahora, que tuvieron encontronazos con el expresidente Arias en despachos públicos, casas de habitación en barrios de la capital e incluso giras de trabajo.

Es difícil no decir que Arias está ahora en el suelo, destrozado como figura política, y que consigo afectará por inercia a quienes se referenciaban políticamente a través suyo.

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Todo lo que se ha llamado arismo dentro del Partido Liberación Nacional (PLN) se verá afectado con lo sucedido en lo personal para el expresidente. De la misma forma en que se le buscó para levantar a la agrupación en las elecciones del 2006, ahora, es él la sombra que los golpea.

Esta situación no es ajena para sus contrincantes políticos. Nada gratuita fue la salida a redes sociales de la expresidenta Laura Chinchilla, en un discurso de defensa de los derechos de las mujeres y de señalamiento a la Fiscalía para que el tema se trate con rapidez.

Pese a su tono sobrio, Chinchilla no termina de dejar en el aire el recuerdo de las tensiones de quien en el pasado fue su padrino político, la figura que la hizo candidata presidencial y con quien terminó distanciada.

La expresidenta del INAMU y exdiputada del PUSC, Gloria Valerín, aprovechó la oportunidad para señalar en sus redes  que la noticia «sacudió al país por tratarse de una figura como la de Arias, idealizado por muchos, no sólo aquí sino en el mundo. Como describía un periódico norteamericano, “me too” existe también en este país».

Los diputados de varias fracciones piden una investigación seria (¿?), aunque se supone y damos por sentado que toda investigación del Ministerio Público es ya de por sí seria.

Si ya el expresidente estaba golpeado por el escándalo de Crucitas y su comparecencia fallida ante el Ministerio Público y la petición de llevarlo a juicio, el presente escándalo se presenta como una situación prácticamente imposible de evadir.

Estamos sin duda, y desde el análisis, frente a la caída del águila criolla.


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Esteban Mata /

Periodista, escritor y profesor de periodismo.

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