Lecciones aprendidas a un año de pandemia en nuestra educación

Nos debe llamar la atención que, en un país donde las estadísticas hablan que somos uno de los países con mayor penetración en telefonía celular, el MEP nos reporta que prácticamente el 30% de los estudiantes, 324.000, no tienen acceso a internet.


*Por Randall Pacheco Vásquez.

A un año de un proceso de adaptación colectiva, como lo ha sido la situación generada por la propagación mundial del virus SARS-COV2 o como lo hemos llamado Covid-19, es un buen momento para realizar un proceso de reflexión sobre lo que ha sucedido y está sucediendo en nuestros ámbitos educativos. La niñez y la juventud en específico, se encuentran inmersos en una serie de dilemas, de los cuales nos hemos ocupado poco en dialogar dada la prioridad sobre los temas económicos y sanitarios que nos han puesto a correr.

El Covid-19 llegó para acelerar y cambiar de manera permanente muchos de los aspectos sociales, económicos y culturales a los cuales veníamos acostumbrados por décadas. Situaciones como el contacto familiar, la cotidianidad de las rutinas en los trabajos, escuelas y colegios, las salidas con amistades, la despreocupación por la cercanía de las demás personas.

Uno de los cambios a los que nos hemos visto enfrentados y expuestos y que, en mi opinión, no hay marcha atrás, es la aceleración e incorporación de procesos educativos utilizando herramientas a distancia y de virtualización, llegando a formar parte de nuestro léxico palabras o frases como “asincrónico”, “sincrónico”, “tareas a distancia”, “guías de trabajo autónomo”, “conectarse a la clase”, entre muchas otras más.

Pero la situación va mucho más allá del vocabulario, pues la adaptación ha tenido que ser familiar, con el uso de los pocos o nulos recursos tecnológicos con que se contaba en los hogares, los más afortunados han logrado incorporar mayor velocidad de internet en sus casas, o han sorteado estrategias para tener más equipo tecnológico.

Sin embargo, nos debe llamar la atención que, en un país donde las estadísticas hablan que somos uno de los países con mayor penetración en telefonía celular, el MEP nos reporta que prácticamente el 30% de los estudiantes, 324.000, no tienen acceso a internet.

Es aquí, donde la reflexión cambia totalmente de dirección, ya que, en definitiva, los procesos de virtualización y a distancia son grandes esfuerzos que le debemos reconocer al Ministerio de Educación y a los directores y educadores de todo el país. Como sociedad estamos llamados a resolver la brecha de acceso y de alfabetización digital que notoriamente se está haciendo más extensa, en un momento en el que la educación tiene la oportunidad de ser aún más accesible, innovadora y motivante, si se logra canalizar los recursos existentes y adaptarse rápidamente a los cambios que se nos presentan.

Una de las evidencias de adaptación y aprovechamiento de oportunidades, las hemos visto organizacionalmente en Junior Achievement Costa Rica, ONG de fomento de cultura emprendedora, educación financiera y empleabilidad que, en conjunto con el MEP, municipalidades, empresas patrocinadores,  y otras entidades han podido abordar a más de 44.000 jóvenes y personas emprendedoras de todo el país en 2020, habiendo tenido un crecimiento de más del 35% en la cantidad de beneficiarios respecto al 2019, gracias a la adaptación de programas educativos a la virtualidad.

Estudiantes de secundaria de todo el país y personas emprendedoras, han logrado aprovechar una gama de más de 25 programas robustos y actualizados, que tanto docentes como voluntarios de diferentes empresas hacen posible impartir, llegando a las comunidades con contenidos de preparación para las economías del futuro e inspiración vocacional.

En tiempos donde los panoramas son turbios por cambios abruptos, donde muchos de estos cambios llegaron para adaptar o transformar la cotidianeidad y muchos otros han puesto en reflexión a la sociedad misma, es donde todos debemos invitarnos para aportar, para apoyar iniciativas inclusivas y accesibles para la población más vulnerable y de menores recursos, donde la tecnología debe ser un medio de apoyo educativo y no un limitante, hacemos un llamado social, empresarial y político, para transformar prácticas de crecimiento comunitario y nacional.


*Pacheco Vázquez es Director Ejecutivo de Junior Achievement Costa Rica.

*La opinión expresada en este espacio no necesariamente representa la línea editorial de PULSOCR, sino exclusivamente responsabilidad de su autor.


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