‘La descarada y vergonzosa defensa del rector Salom’

Hacer una obra de esta magnitud en momentos de inminente crisis fiscal, cuando a los ciudadanos nos piden socarnos la faja con nuevos impuestos (...), no tiene nombre. O sí: insensibilidad, desfachatez e imprudencia.


El escándalo de la plaza de los 14 millones de dólares de la Universidad Nacional me lleva a hacer las siguientes reflexiones.

En 1990 concursé para una beca Fulbright, que me permitió hacer mis estudios de posgrado en la Universidad de Illinois. Además de ser un centro de investigación y enseñanza de clase mundial, tiene un campus de primer nivel.

El estadio de futbol americano sienta a 60.000 personas. El gimnasio de basketball, también usado para conciertos, acomoda a 16.500 personas en sus graderías. El Krannert Center for the Performing Arts es un complejo que tiene seis escenarios de diferentes formatos para todo tipo de presentaciones -orquesta sinfónica, teatro, ballet, ópera, etc.-, incluyendo un anfiteatro al aire libre que sienta a 560 espectadores, y el Foellinger Great Hall, con capacidad para una audiencia de 2.000 personas y una orquesta sinfónica de 150 músicos, con un diseño acústico especial para presentaciones musicales, que está entre los mejores del mundo.

El Quad -en las fotos que adornan este post- es una plaza que usan los estudiantes para descansar, asolearse, jugar frisbee o hacer “performances”. El edificio que se ve al fondo es el Student Union, donde hay comedor, restaurantes, tiendas, oficinas de los gobiernos estudiantiles, oficinas de servicios para estudiantes, espacios para el estudio, etc.

Allí disfruté en mis años de estudiante de innumerables presentaciones deportivas, culturales y artísticas, incluyendo un concierto del violinista Itzhak Perlman, al que me coló -porque el concierto no era subsidiado y no estaba al alcance del presupuesto de un estudiante- mi noviecilla de entonces, una estudiante de piano bielorrusa que, como parte de su beca, trabajaba de ujier en el Krannert.

Hago esta larga introducción para explicar que entiendo, comparto y celebro que las universidades tengan espacios culturales, artísticos, deportivos y para el esparcimiento de los estudiantes. La educación no debe ser vista como una fábrica de técnicos, sino que debe ser integral y aportar a la formación humana de los estudiantes.

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Habiendo dicho lo anterior, también hay que reconocer que en las universidades públicas de Costa Rica hay una tendencia a lo contrario: despreciar la formación en áreas técnicas de vital importancia (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, las llamadas STEM por sus siglas en inglés), y promover el güiri güiri y el cuas cuas sin ningún anclaje en las necesidades de la sociedad.

No puedo criticar el solo hecho de que una universidad planee construir una plaza para el ocio y la actividad cultural. Pero si puedo, y debo, condenar cuatro cosas en los términos más fuertes posibles:

1. El timing: hacer una obra de esta magnitud en momentos de inminente crisis fiscal, cuando a los ciudadanos nos piden socarnos la faja con nuevos impuestos y a las universidades les regalan 15.000 millones de colones para engrosar el FEES, no tiene nombre. O sí: insensibilidad, desfachatez e imprudencia.

2. La descarada y vergonzosa defensa que hace el rector Alberto Salom de la decisión: “es con fondos propios”, dice. No sea tan carebarro, señor, la Universidad Nacional no tiene fondos propios. Todos sus recursos provienen del presupuesto nacional, que es lo mismo que decir que provienen de los impuestos, o de préstamos que pagaremos también con impuestos a los ciudadanos.

3. El discurso del miedo. Desde los antros universitarios se ha difundido la mentira de que el plan fiscal obligará a cerrar algunas sedes regionales. En primer lugar, es mentira. En segundo lugar, ¿no hay plata para la sede de Paraíso pero sí para gastarse $14 millones en una plaza? NO ME JO-DAN.

4. El hecho de que se pretenda gastar en una plaza y otro par de cosillas más una suma superior al presupuesto anual del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Mucho güiri güiri, poco STEM.

Costa Rica debería estar apostándole muy fuertemente al desarrollo tecnológico y a la innovación.

Se trata de establecer prioridades. Esta plaza, en este momento, no lo es.


PulsoCR

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Eli Feinzaig /

Economista, presidente del Partido Liberal Progresista

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