#OPINIÓN #QUINTACOLUMNA El reto de la última legislatura

Como Asamblea, aún se esta en deuda con la ciudadanía. Si por algo ha pecado este Congreso, es por estar más pendiente de complacer al Ejecutivo que de atender el clamor de la gente. Tenemos aún doce meses, o quizás menos por causa de los vientos electorales, para enmendar el rumbo y dar respuesta a lo más apremiante.


* Por Ivonne Acuña Cabrera

Hoy estamos iniciando nuestra cuarta y última legislatura.

Entramos al cierre de nuestro periodo constitucional como representantes de la ciudadanía, y es un momento apropiado para hacer un alto, mirar a nuestro alrededor, y poner luego la mirada adelante, en lo que tenemos pendiente.

Desde hace décadas, ninguna Asamblea Legislativa se ha enfrentado a circunstancias tan apremiantes y difíciles para tomar decisiones. Hay que reconocer que ha sido la ciudadanía la que ha debido sufrir en todo su peso la combinación de dos factores muy negativos: una mala administración de los Gobiernos PAC y el embate de una situación sanitaria que cambia como una “montaña rusa”. Estos golpes gemelos nos imponen, como Parlamento, una serie de retos que debemos afrontar en los próximos doce meses.

Aunque suene trillado, debe decirse que enfrentamos en primer lugar el reto de reconstruir la economía. Si miramos a nuestro pasado inmediato, encontramos que el crecimiento promedio interanual del PIB de 1992 al 2019 fue de 14,5%; pero en el 2020 nuestra economía tuvo una caída de 4,2%, cerrando con una tasa de desempleo de 20% (1 de cada 5 personas está desempleada y esto golpea de manera más fuerte a las mujeres).

Además, hay que señalar que la caída no fue equitativa, sino que golpeó nuestro mayor motor económico: el sector turístico. Vemos con dolor que la actividad hotelera, ha mostrado mensualmente una disminución sostenida de 50%, con respecto al año previo.

También se encuentran muy afectadas las actividades del sector comercio y construcción.

Esta debacle tiene una repercusión inmediata en la generación de empleos. Puestos de trabajo para hombres y mujeres, en las zonas más necesitadas de nuestro país, se han ido evaporando ante la dureza de la situación que afrontamos. Es allí donde más acción se nos demanda como representantes, donde más nos exigen las personas cuya voz estamos llamados a ser.

También es claro que el retroceso económico implica una disminución sensible en los ingresos del Estado, lo que viene a agregarse a una situación ya crítica en esta materia. Es de lamentar que la respuesta del Ejecutivo en este campo haya sido invariablemente la fórmula de impuestos, préstamos, más impuestos y más préstamos, llegando incluso a movilizar al Gabinete e Instituciones autónomas para presionar a esta Asamblea a no buscar alternativas.

La realidad es que, en este momento, la deuda pública per cápita es de más de ₡4.750.000. Es decir, cada habitante de nuestro país nace debiendo más de $7.700. ¿A qué se debe semejante carga, que ahoga sin contemplación alguna a nuestra ciudadanía?

En primer lugar, a que a estas alturas el Poder Ejecutivo aún no logra aprender la diferencia entre lo importante y lo urgente, entre los gastos prioritarios y los gastos convenientes. Tal vez les ha faltado la escuela de la vida, para saber que en tiempos de escasez sólo puede gastarse lo indispensable.

Segundo, la costumbre de enviar a este Congreso presupuestos ordinarios incompletos. Eso lo ha llevado a tocar una y otra vez la puerta de la Asamblea, en busca de la aprobación de gastos extraordinarios que, en realidad, sólo revelan un gran desorden y muy poca voluntad de enmienda.

Quisiéramos que, al menos en esta última legislatura, esta circunstancia pueda cambiar.

También es indispensable que nosotros, como diputados y diputadas, nos hagamos respetar en cuanto a nuestros deberes y competencias para con nuestra ciudadanía. Debemos exigir al Ejecutivo que no insista en proyectos regresivos, que trasladan a las personas de menos ingresos y a las asalariadas el grueso de las cargas tributarias.

Todo lo dicho, sin embargo, desemboca en una sola afirmación: como Asamblea, aún se esta en deuda con la ciudadanía. Si por algo ha pecado este Congreso, es por estar más pendiente de complacer al Ejecutivo que de atender el clamor de la gente. Tenemos aún doce meses, o quizás menos por causa de los vientos electorales, para enmendar el rumbo y dar respuesta a lo más apremiante.

Necesitamos dar prioridad a los proyectos de ley que ayuden a crear un marco jurídico apropiado para la nueva realidad: una realidad en la que millares de costarricenses, hombres y mujeres, desde el centro de San José hasta las regiones más retiradas, buscan fuentes de trabajo y posibilidades de emprendimiento, y no logran ver ventaja alguna en la formalidad. Necesitamos dejarnos de retórica y entrar realmente, no ya a una “reactivación económica” que llevamos tres años esperando, sino a una verdadera reconstrucción del tejido productivo, rasgado y lacerado por políticas irresponsables y por adversas circunstancias.

Necesitamos, sobre todo, intensificar nuestra conexión con las personas a las que estamos representando, considerar sus necesidades y anhelos, y proceder según los dictados de nuestra conciencia y del mayor bienestar para el mayor número.

Nos quedan doce meses. Sepamos aprovechar


*Acuña Cabrera es diputada de la República.

*La opinión expresada en este espacio no necesariamente representa la línea editorial de PULSOCR, sino exclusivamente responsabilidad de su autor.


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