El arte de ocuparse… (y encontrar trabajo)

Buscar empleo o emprender una actividad propia requieren de una dosis de voluntad y perseverancia bárbaras. Además, mucho orden, consistencia, compromiso con uno mismo.


Todas las personas somos fuente de un talento sin límites, inagotable, constantemente renovable. Nuestra capacidad natural para aprender y adaptarnos hace que las experiencias de vida (sean en el campo profesional o no) se conviertan en un potencial productivo que podemos aprovechar de múltiples maneras.

Para impulsar ese potencial, lo primero es identificarlo. Debemos partir de la pregunta ¿qué amo hacer? Nuestras pasiones son la mejor ruta para develar nuestro talento. Tal vez trabajo en una tienda, pero amo la música, o trabajo en el campo, pero amo el deporte; o quizás trabajo en una oficina, pero amo el campo.

Los japoneses hablan del Ikigai: ese lugar adonde se unen en mí aquello que amo, aquello que sé hacer bien y aquello que el mundo necesita. Ahí está el manantial de mi talento. Está escondido en mi interior y requiere de una exploración interior paciente y constante, para encontrarlo en lo más profundo de nuestro ser.

Lo que disfruto hacer

Al reflexionar y definir aquello que realmente disfruto hacer, entonces paso a identificar aquello en lo que he desarrollado algún conocimiento, alguna destreza. Esas capacidades se pueden haber generado criando a los hijos en casa o dirigiendo una gran compañía multinacional, pues todas las experiencias de vida contribuyen al desarrollo de las habilidades.

Después de identificar, es la hora de usar. Debo observar a mi alrededor y preguntarme ¿qué está sucediendo en mi contexto cercano? ¿Que necesidades ahí afuera se podrían convertir en una oportunidad para mí?

Buscar empleo o emprender una actividad propia requieren de una dosis de voluntad y perseverancia bárbaras. Además, mucho orden, consistencia, compromiso con uno mismo. No es fácil. A veces nos da miedo o no llega la motivación. Hay que buscarla. Cada uno de nosotros merece, y puede, hacer de su quehacer una fuente de realización personal, una forma de dar sentido a la vida. Lo llevamos dentro: somos seres felices por naturaleza, nuestro deseo de aprender es infinito.

Cuando ya tengo claro qué me gustaría hacer (permitiendo algún sabio margen de opciones que, al menos, toleraría hacer temporalmente mientras aparece aquello que sí es perfecto), es el momento de sostener muchas conversaciones, todas las que pueda, con personas que puedan generarme oportunidades u orientarme hacia ellas. Pedir consejo, indagar, explorar. Salir a contarle mi historia al mundo, con mente curiosa y abierta. Hablar con familiares, vecinos, amigos, compañeros y ex-compañeros, con conocidos y a veces, por qué no, con extraños. Buscar en redes sociales y en otros ámbitos de Internet… Lo importante es siempre seguir la pista de aquello que me genera entusiasmo, que llame mi atención. En estas cosas, es bueno dejarse ser intuitivo.

Esto debe hacerse con una disciplina bárbara: buscar empleo es un trabajo de tiempo completo. En tiempos de alto desempleo, la ruta será más empinada. Pero el mundo gira y la sociedad es dinámica; por lo tanto, siempre se generan oportunidades. El desafío es descubrirlas. ¿Quién las va a aprovechar? No existen personas a quienes las oportunidades le lleguen a tocar la puerta, existen personas que, cuando se cruzan con una oportunidad, la logran aprovechar.


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Sol Echeverría /

Psicóloga graduada de UCACIS en Costa Rica, Máster en Psicología de la Universidad Laval en Quebec, Máster en Dirección Estratégica de Recursos Humanos de EOI en España y Máster en Administración de Empresas del INCAE Business School. Actualmente, es Socia-fundadora de BDS Factor Humano, una firma de asesoría en capital humano, desarrollo organizacional y relaciones laborales.

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