Efecto colmena: la conciencia ambiental zumba como abeja

No se asuste si, caminando por los pasillos del centro comercial, escucha un zumbido. Es más, si presta la suficiente atención se dará cuenta que, en Costa Rica, existen 800 especies de abejas.

Desde el fin de semana, y hasta el 31 de octubre, las abejas de “Efecto colmena” estarán en el primer piso de Lincoln Plaza. Foto: Michelle Soto
Desde el fin de semana, y hasta el 31 de octubre, las abejas de “Efecto colmena” estarán en el primer piso de Lincoln Plaza. Foto: Michelle Soto

Un total de 11 esculturas conforman la exhibición itinerante en centros comerciales y espacios públicos en todo el país. Artistas hacen llamado en favor de la conservación de los polinizadores y promueven prácticas sostenibles.

No se asuste si, caminando por los pasillos del centro comercial, escucha un zumbido. Es más, si presta la suficiente atención se dará cuenta que, en Costa Rica, existen 800 especies de abejas.

En el planeta, esa cifra escala a 25.000 especies y el 90% de ellas son abejas solitarias, es decir, no establecen colonias. “Hay otras que son para-sociales porque tienen un nivel de congregación media. Viven de decenas a cientos. En este grupo podemos encontrar las abejas de las orquídeas, por ejemplo”, explica Luis Zamora Chacón, presidente de la Cámara Nacional de Fomento a la Apicultura y gerente operativo de la empresa Miel Dorada.

“Muchas ni siquiera pican, por lo que las personas no las conocen y lo que uno no conoce, pues no lo cuida. ¿Cómo vas a cuidar algo que no sabés que existe?”, agrega Rodrigo Fiatt Seravalli, un ingeniero agrónomo que también es escultor.

De hecho, lo que trata de hacer Fiatt con las esculturas que yacen en los pasillos del centro comercial es -desde el arte- tratar de acercar las abejas a la gente. Ese es el objetivo de “Efecto colmena”, una exhibición de 11 esculturas confeccionadas por Fiatt y Rainier Mora Marín, las cuales fueron intervenidas por artistas plásticos bajo la dirección de Mónica Lizano.

La exposición ya estuvo en Avenida Escazú y este fin de semana -y hasta el 31 de octubre- se muestra en Lincoln Plaza. Posteriormente se exhibirá en Terrazas Lindora (1-11 de noviembre), en los parques de Curridabat (11 de noviembre al 02 de diciembre) y la Marina Pez Vela en Quepos (2 al 17 de diciembre).

Desde el fin de semana, y hasta el 31 de octubre, las abejas de “Efecto colmena” estarán en el primer piso de Lincoln Plaza.

Este es un proyecto conjunto de Lizano y la agencia Próxima Comunicación, el cual cuenta con el distintivo de Esencial Costa Rica, también tiene el aval de la Dirección de Cambio Climático (DCC) y el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae).

Según Lizano, durante el fin de semana, en los centros comerciales se estarán dictando charlas educativas. También se realizarán talleres de pintura y modelado escultórico para niños.
Zumbidos de conciencia

¿Y el 10% de las especies que faltan?

Pues está compuesto por las abejas sociales y entre ellas están las meliponas o abejas sin aguijón. “Producen una miel que, aparte de nutritiva, posee una serie de propiedades medicinales. Como son colmenas muy pequeñas, por tanto, la producción es muy baja y por eso se elevan los costos, entonces casi que solo se usa en cosméticos”, comenta Fiatt.

En el país tenemos la presencia de 60 especies de abejas nativas. “La mariola, por ejemplo, se extiende desde el sur de México hasta el norte de Argentina. Pero ciertas especies tienen una distribución geográfica más específica y otras requieren ambientes menos perturbados, ese es el caso de los jicotes”, explica Zamora.

Un segundo zumbido llega a la conciencia. Las abejas no solo producen miel, el ser humano también aprovecha la cera y los propóleos (mezcla resinosa que hacen las abejas para sellar la colmena). Pero, aún más importante, este insecto presta servicios como polinizador.

“Sin abejas, nos morimos de hambre”, dice Fiatt. “De hecho, se habla que entre 75% y 90% de los cultivos son polinizados por abejas”, lo complementa Zamora.

El café, por ejemplo, existe gracias a la polinización que realiza una abeja. “Es más, la polinización aumenta rendimientos tanto en la calidad del grano como en la cantidad de producción, ya que se reduce el riesgo de granos vanos que son aquellos que no fueron polinizados y, por tanto, no tienen el endocarpo que es la parte aprovechable”, comenta Zamora.

La relación entre planta y polinizador puede ser tan estrecha que ambos evolucionan juntos. Ese es el caso de las abejas que polinizan orquídeas, conocidas como euglosinas. Dado que el nectario de la orquídea está muy profundo, entonces la abeja desarrolló una lengua larga para accederlo.

Esa relación tan estrecha también las hace vulnerables a los cambios en el entorno, con el desalentador riesgo de que si se pierde uno, desaparece el otro.

Un tercer zumbido viene en la voz de Fiatt: “el problema con los agroquímicos es que su uso ha sido indiscriminado, sobre todo a nivel de insecticidas. Muchas veces se usan de forma preventiva y ahí es donde yo no estoy de acuerdo”.

“Uno como agrónomo tiene que aprender a convivir con las plagas, es imposible erradicarlas, entonces lo que hay que hacer es aprender a medir las poblaciones para ver cuando es necesario aplicar el insecticida. Desgraciadamente en este país no se hace así”, continuó Fiatt para añadir: “lo ideal sería utilizar el control biológico (especies controlando especies) lo más que se pueda y complementar con el químico, pero solo cuando las poblaciones de plagas lo ameriten”.

Zamora alerta de otra amenaza: la extensión de la frontera urbana. “La manera en que el ser humano está desarrollando el urbanismo es completamente en contra de cualquier otra especie viva. Cambiar el paisaje para convertirlo en cemento claramente está afectando la biodiversidad”.

Por si fuera poco, estas amenazas vuelven a las abejas aún más vulnerables ante el cambio climático. “En el Centro de Investigación Apícola Tropical están haciendo un seguimiento a los ciclos de floración anuales de los árboles melíferos y han observado que hay un desfase con los polinizadores al inicio o al final de la temporada de polinización. Aún es pronto para decir si esto representa una ventaja o desventaja, pero ciertamente el cronograma apícola se está adelantando o atrasando”, explica Zamora.

Promoviendo un “efecto colmena”

Desde el fin de semana, y hasta el 31 de octubre, las abejas de “Efecto colmena” estarán en el primer piso de Lincoln Plaza. Foto: Michelle Soto

Las abejas de la exhibición fueron esculpidas por Fiatt y Mora inspirados en la fisonomía de la especie Apis Mellifera que es la productora de miel. “Vale aclarar que estas esculturas son representaciones porque no son estrictamente realistas”, manifiesta Fiatt y agrega: “Se hizo la escultura de la Apis Mellifera porque es la más representativa, pero la abeja -independientemente de su especie- es importantísima”.

Para las esculturas se utilizó cartón reciclado para elaborar el cuerpo y en las alas se empleó un acrílico blanco también reciclado. Posteriormente, las piezas fueron intervenidas artísticamente por Lizano, Michael Picado, Julio C. Valverde, Liz Ortega, Constanza Meza, Mino Montero, Alberto Bejarano, Cristiana Castro, Juan Murillo y Dani Muñoz.

Juan Murillo, por ejemplo, es fotógrafo. Su diseño parte de una reflexión sobre el ojo compuesto de la abeja y la mirada del fotógrafo a través del lente de la cámara. De viene el hexágono como figura geométrica que resulta esencial en la vida y yace tanto en lo micro como en lo macro.

De izquierda a derecha: el artista Juan Murillo, Mónica Lizano (directora artística del proyecto), Luis Zamora (presidente de la Cámara Nacional de Fomento a la Apicultura) y el escultor Rodrigo Fiatt.

“El hexágono se encuentra en la naturaleza, incluso molecularmente. Como humanidad necesitamos pensar más hexagonalmente, organizarnos como una colmena -que también es hexagonal- para así revertir el daño que hemos causado como especie”, explica Murillo.

De hecho, la escultura intervenida por Murillo recurre a la fotografía de hexágonos de panales y desenfoques fotográficos para recubrir la piel de la abeja, posteriormente pintó la figura geométrica.

Para Lizano, las abejas simbolizan el trabajo en equipo y la colaboración para lograr un objetivo común. “Es tratar de dar una visión positiva de lo que podemos hacer como comunidad global por el planeta”, enfatiza la directora artística del proyecto.

“Para mitigar y adaptarnos al cambio climático es indispensable fomentar el trabajo en equipo, desde el gobierno y sus instituciones, junto al sector privado y los consumidores en general. Para esto podemos utilizar como metáfora el ejemplo de las abejas y cómo mantienen su colmena”, manifiesta Lucila Espinoza, quien es subdirectora de Próxima Comunicación.

Zamora complementa con un dato más: las abejas meliponas, en su estructura social, establecen tareas para todas. No importa si son pequeñas o adultas. Las pequeñas hacen labores más simples y quizá dentro de la colmena, y -conforme van creciendo- van adquiriendo mayores responsabilidades.

Lo mismo sucede con la acción climática, no importa si se es niño, joven o adulto. Todos los esfuerzos tienen cabida y en todos los niveles, empezando por casa.

Como bien lo ejemplifican las abejas: no importa el tamaño cuando la labor que se desempeña es buena y beneficia a todos.

PIES DE FOTO:

Abeja 5: Cada abeja tiene un patrocinador. Entonces, cuando la gira de exhibición termine, la escultura irá a las instalaciones del patrocinador.

 


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Michelle Soto /

Michelle Soto es periodista graduada de la Universidad de Costa Rica (UCR) especializada en temas de ciencia y medio ambiente. Su trabajo periodístico ha sido reconocido con premios tanto nacionales como internacionales. Ha dado cobertura a cumbres climáticas y conferencias mundiales de temas medioambientales, también ha entrevistado a figuras de renombre como Jane Goodall, Sylvia Earle, Alexandra Cousteau, Christiana Figueres, Thomas Stocker y Jean Pascal Van Ypersele, entre otros.

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